Autorretrato
Un perfume descatalogado, un café con leche, sin azúcar, una ilusión que espera a la esperanza, un verano que nunca acaba pero en el que siempre hace frío, un corazón de hielo sin coraza que se derrite al tacto de unas manos; menos mal que no existían.
Abre la puerta, soy yo. Sara, Elena, Lidia, Noelia, Marta, todas las mujeres que nunca amaste pero que eres incapaz de olvidar. Abre la puerta, pero cuidado, soy yo, en cualquier momento me derrumbo. No abras, no hay puerta, solo soy un puñado de ruinas que nadie ha sabido cuidar. No empujes, no tires, es automático, me abro a todo aquel que luego vaya a sacarme los ojos. Cierra, rápido, que se escapan los cuervos que nunca crié y me van a dejar las manos vacías. Cierra, el vacío, tápame los agujeros, que me sabe todo a mar y voy a acabar ahogándote a ti también.
Soy yo, ¿no te acuerdas? He sido tu puta, y la de muchas otras, que solo me han pegado con hostias, me han pagado con la puerta en las narices y me han hecho pecar, pegar, pagar, vagar, bajar al cielo, subir al infierno, con solo decir sus nombres.
¿No te acuerdas? Esta herida es tuya, o tal vez no. Tengo tantas que no recuerdo quién provocó el último tornado. ¿Fuiste tú o vas a volver a culpar al lobo de tirar la última piedra? El no se comió a la abuelita, fue el cazador.
Me he olvidado de ti, de vosotras, de todos ellos, sólo intento buscar una tirita que tape todas estas heridas, pero tengo un pez muerto en la boca y el sol no deja de brillar, aunque aquí dentro siempre llueve.
Olvida la puerta, por favor, prefiero saltar por la ventana y que me tires piedras para romper mis relojes, que los bombardeos tiraron mi saliva de emergencia y me gusta morder el tiempo hasta el último segundo. Y es que nunca he sido la primera, prefirieron un seguro a terceros que vivir en un cuarto con la inseguridad del gato que mató a la curiosidad cinco veces, muriendo a la sexta, y me regaló sus siete vidas para saltar desde el octavo mientras me tiras nueve piedras y aciertas a la décima.
A uno de los cien pájaros que tengo volando en la cabeza.
Abre, soy yo. Aún no me conoces, soy todas las heridas que nadie ha sabido lamerte.
Cierra, que me voy por las ramas. Que yo sólo quería decir que soy un desastre y estas líneas las heridas que nadie ha sabido curar.
Y solo quiero alguien que las lama.
Y ya tengo alguien que las ama.
Abre la puerta, soy yo. Sara, Elena, Lidia, Noelia, Marta, todas las mujeres que nunca amaste pero que eres incapaz de olvidar. Abre la puerta, pero cuidado, soy yo, en cualquier momento me derrumbo. No abras, no hay puerta, solo soy un puñado de ruinas que nadie ha sabido cuidar. No empujes, no tires, es automático, me abro a todo aquel que luego vaya a sacarme los ojos. Cierra, rápido, que se escapan los cuervos que nunca crié y me van a dejar las manos vacías. Cierra, el vacío, tápame los agujeros, que me sabe todo a mar y voy a acabar ahogándote a ti también.
Soy yo, ¿no te acuerdas? He sido tu puta, y la de muchas otras, que solo me han pegado con hostias, me han pagado con la puerta en las narices y me han hecho pecar, pegar, pagar, vagar, bajar al cielo, subir al infierno, con solo decir sus nombres.
¿No te acuerdas? Esta herida es tuya, o tal vez no. Tengo tantas que no recuerdo quién provocó el último tornado. ¿Fuiste tú o vas a volver a culpar al lobo de tirar la última piedra? El no se comió a la abuelita, fue el cazador.
Me he olvidado de ti, de vosotras, de todos ellos, sólo intento buscar una tirita que tape todas estas heridas, pero tengo un pez muerto en la boca y el sol no deja de brillar, aunque aquí dentro siempre llueve.
Olvida la puerta, por favor, prefiero saltar por la ventana y que me tires piedras para romper mis relojes, que los bombardeos tiraron mi saliva de emergencia y me gusta morder el tiempo hasta el último segundo. Y es que nunca he sido la primera, prefirieron un seguro a terceros que vivir en un cuarto con la inseguridad del gato que mató a la curiosidad cinco veces, muriendo a la sexta, y me regaló sus siete vidas para saltar desde el octavo mientras me tiras nueve piedras y aciertas a la décima.
A uno de los cien pájaros que tengo volando en la cabeza.
Abre, soy yo. Aún no me conoces, soy todas las heridas que nadie ha sabido lamerte.
Cierra, que me voy por las ramas. Que yo sólo quería decir que soy un desastre y estas líneas las heridas que nadie ha sabido curar.
Y solo quiero alguien que las lama.
Y ya tengo alguien que las ama.
Comentarios
Publicar un comentario